Capítulo 5
Seguir el sendero fue fácil y aburrido.
Magnatara realmente esperaba tener que pelear para salir de allí.
Supongo que no todos los días obtenemos lo que queremos.
Toda una pena. Se encontró con el oráculo que había seguido, ahora estaba dentro del Templo. Todavía no lograba sobreponerse de la impresión que este le causó. Después de haber caminado lo suficiente para hacerle pensar que estaban cruzando el mundo a pies, la Rakshasi se encontró con la arquitectura más sorprendente que vio jamás.
Tal como decía Ammatiel, el Templo era casi invisible, al igual que los oráculos de esta región, un momento lo veías y al otro no estaba allí. Era simplemente sorprendente. ¿Cómo lo lograban? ¿Con magia? Era todo un misterio que quería descifrar, pero instintivamente sabía que ni siquiera Khal le contestaría esta vez.
Una oráculo llamada Hémera se quedó con la mochila donde llevaba los libros que debían ser entregados y la llevó a una sala donde varios oráculos charlaban. Ni el ángel ni el demonio estaban a la vista. ¿Dónde estaban? No estaba preocupada, pero se sentiría mejor si los viera. Está bien, tal vez, estaba un poco preocupada. Todavía no lograba sacudirse la idea de que escuchó al demonio Dragón mientras estaba en la celda. ¿Habría pasado la prueba? Si no era así, ¿estaría esperando en los límites del Templo?
Sus preguntas pasaron a segundo plano cuando una mujer se le acercó con un hermoso bebé en brazos. Era tan encantadora la pequeña criatura que ella no pudo dejar de mirar.
-Hola –habló la mujer, con voz suave-. Soy Leyra. ¿Quieres que te haga compañía mientras esperas?







