DOS LOBOS, DOS ALMAS, UNA LUNA.
MANADA DE LOBOS FURTIVOS.
Capitulo 17.
Hidis se sentó en su trono de cristal contemplando el gran salón que la rodeaba, una a una miró las caras de los elfos y hadas, algunos dioses y varios duendes.
Se sentía tan desganada que ya no podía sonreír de cortesía.
Todos se movían a los compás de la música, que sonaban desde la banda en el primer piso.
Las diferentes alturas de los elfos y las hadas era notable, pero en cada baile iban rotando haciéndolo dinámico, su gran salón de cristal no brillaba. Ella no brillaba.
Una figura oscura entró desde los jardines del norte.
Caminó sobre los bordes menos poblados del salón, evitando a todos los presentes.
La capucha no dejaba ver su rostro, pero Hidis sabía muy bien quién era.
Lo podía sentir a kilómetros de distancia.
El bastardo no tenía cara al dejarse ver aquí.
Le hizo seña su guardia armada, era protocolar, pero sabían bien como defenderse.
Se rodeó de sus guardias y se replanteó los hechos. No podrían defenderse de un dios, pero lo intentarían.
-¿Qué quieres en mis tierras? Sabes bien que no eres bien recibido en mis planos.-
Hidis habló mirando a la oscura capucha hasta que dos ojos azules iluminaron su rostro.