Janice estaba en la cocina preparando un sándwich.
Había estado teniendo sexo con Deimos toda la madrugada y parte del día. Ahora eran las cinco de la tarde y se había despertado con hambre. Al ver a su amante dormido, se había levantado silenciosamente y mientras ponía el fiambre en el pan, estaba pensando. Nunca se había imaginado que el sexo podía ser tan brutal, salvaje y a la vez espectacular. Era cierto que había probado muchísimas cosas a lo largo de su existencia pero este Dios la había dado vuelta y enseñado cosas que la hicieron volar una y otra vez.
Guardando las cosas en la heladera sintió una presencia detrás, pero el olor y las manos que se posaron en su cintura la hicieron sonreír:
- pensé que estabas dormido -
Deimos había sentido entre sueños cuando Janice se levantó. Decidió quedarse y esperarla pero a los minutos temió que ya se hubiera ido por lo que se levantó y comenzó a seguir su presencia para terminar en la cocina con una vista espectacular. Ella estaba inclinada sobre la heladera con su remera puesta por lo que dejaba ver su perfecto y desnudo trasero. Acercándose, puso sus manos en su cintura y pego su cadera a su trasero.
Sonriendo besó su cuello cuando se enderezo





