AVISO: ESCENA CON CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS
CAPÍTULO 11
Calista despertó con un horrible dolor de cabeza a la mañana siguiente. Con un gemido miró la hora, soltó una maldición de lo más pintoresca al ver lo tarde que era, se levantó y se dirigió al baño a toda prisa.
A la media hora salió de la habitación con unos shorts blancos, una camiseta negra sin mangas negra y zapatillas, se dirigió a la cocina y se preparó café.
Fang llegaría en un rato y ella todavía tenía que cocinar pensó dando un suspiro. ¿En qué diablos estaba pensando cuando le dijo que cocinaría? Con una idea en la cabeza fue hasta la biblioteca y tomó un libro de cocina que Gise le había obsequiado como broma. Se encogió de hombros mientras lo abría y se dirigía a la cocina. Después de todo… ¿Qué tan difícil podía ser cocinar? Era un diosa después de todo, se dijo por dentro con satisfacción mientras iba sacando las cosas de la heladera y se dispuso a preparar un delicioso almuerzo para su lobo.
Fang recorrió con la mirada el campamento, todo estaba tranquilo. Se entretuvo hablando con sus hermanos y con Kyra, media hora después decidió marcharse, quedaron en encontrarse esa noche en el departamento de Calista para la reunión.
Se transportó a la sala de Calista, maldiciendo al sentir el olor a quemado que asaltó sin piedad su nariz, giró buscando el origen del olor, preocupado por la joven se encaminó rápidamente a la cocina y abrió los ojos con horror antes de que se le escapara una carcajada.
Calista estaba sentada en el suelo de la cocina con una bandeja con algo quemado en su interior que no pudo descifrar qué era, el rostro cubierto de manchas y de ¿lágrimas? Notó mientras se borraba la sonrisa, se acercaba preocupado y se arrodillaba junto a ella.
—¿Bebé que pasó? ¿Por qué lloras? —preguntó limpiándole las lágrimas con el pulgar.
Calista sorbió mientras los ojos azules se llenaban de lágrimas nuevamente.
—Quería hacerte el almuerzo —gimió—. Fue horrible Fang, no puedo hacer nada —le dijo apesadumbrada—. Soy un completo desastre en la cocina, además de otras cosas —sollozó mientras se tapaba el rostro con las manos— ¿Porqué soy tan torpe? ¿Qué hice para me sucedan estas cosas? No puedo caminar sin tropezarme, no pasa un día que no me resbale en la bañera, siempre en el mismo sitio, si hay un accidente en la zona, lo más probable es que esté yo implicada y si no sucede lo provoco —dijo con voz llorosa mientras sacudía la cabeza.
El corazón de Fang se llenó de un deseo de protegerla tan grande que se le hizo un nudo en la garganta. Sin decir palabra, la levantó y la abrazó mientras le acariciaba la cabeza, tratando de tranquilizarla.
—Bebé no sabía que te sintieras así —murmuró—. No eres torpe cielo —le dijo mientras Calista se apartaba y lo miraba escéptica—. Está bien, eres un pelín torpe —admitió—, pero no es un defecto, es algo que forma parte de ti, así como lo es tu ternura, tu inocencia y esa dulzura que me provoca abrazarte y protegerte Pecas —le dijo mirándola a los ojos—. Lo siento cielo, pero esa torpeza de la que reniegas, sencillamente me vuelve loco —reconoció con una pícara sonrisa.
—¿Lo ves? Admites que te vuelve loco —murmuró triste, dando un largo suspiro—. Si vas a permanecer a mi lado, vas a necesitar un seguro de vida Kattalakis —le dijo mientras apoyaba la frente contra la del lobo.
Fang soltó una risita.
—Me vuelve loco Cal pero no de esa manera que piensas, adoro tu torpeza, adoro estar allí para cuidarte —le dijo como si fuera la cosa más natural del mundo.
Calista sintió que su corazón se detenía ante esas palabras. ¿Sería posible que le dijera que la amaba? ¿Estaría sintiendo lo mismo que ella? Pensó para sus adentros, antes de que su corazón se desinflara con sus siguientes palabras.
—¿Qué te parece si ordenamos pizza? Por cierto hablando de comida… —le dijo dándole un beso breve en los labios—. No se te habrá ocurrido cocinar para la reunión de esta noche ¿No? —la miró dubitativo, ganándose un golpe en el hombro.— ¡Ouch!. Sólo me estaba asegurando —murmuró mientras se frotaba el lugar del golpe.
Calista lo miró irónica.