martes, 6 de agosto de 2013
Bloody Roots. Raíces de Sangre, Capitulo I, parte 2. ¿Acuerdos?
Bloody Roots. Raíces de Sangre, Capitulo I, parte 2. ¿Acuerdos?
El macho, amo y señor del campamento, se quedó perplejo. Ninguna hembra antes había sido tan valiente ni le había desafiado de esa manera. Estaba dándole órdenes y le retaba mirándole a los ojos aunque su mano estuviera volviendo la piel blanca de su rostro en azul por la falta de aire.
Soltó su cuello y cayó sobre ella como un animal, casi posando sus labios sobre los suyos y arrancándole de cuajo el vestido, lanzándolo lejos. La hembra olía a néctar delicioso y plagado de sin fin de aromas. Inhalo con fuerza y su miembro chocó contra el estómago de la hembra. El beso habría sido invasivo, dominante, salvaje hasta la médula..si él besara. Sus colmillos arañaron la delicada piel de sus labios dejando un reguero de sangre. Se separo de ella unos centímetros para observarla.
– Nadie me da ordenes. Nadie-
Dio un paso hacia atrás y la observó desnuda. No estaba preparado para el cuerpo que la hembra le mostró, y hubiera caído a sus pies si hubiera sido otro macho. Pero no lo era. Dio una vuelta alrededor de ella valorando cada centímetro de su carne expuesta, sonriendo por lo bajo.
lunes, 29 de julio de 2013
Bloody Roots. Raíces de Sangre. Capítulo 1. Parte 1.
Bloody Roots. Raíces de Sangre.
Capítulo 1. Parte 1.
Capítulo 1. Parte 1.
Entró en su cueva con paso seguro, decidido, lanzando al fondo el grueso de su armadura y su capa desvencijada. Extendió sus brazos y detrás suyo aparecieron dos hembras. El único movimiento que hizo él fue levantar el cuello para facilitar el acceso de las hembras al resto de su coraza, cuero y demás accesorios que le cubrían durante una batalla. No es que le hiciera falta, pero un líder siempre daba ejemplo a su ejército.
Su ejército... sería su ejército si no existiera el rey Justo, Wrath, un maldito papanatas que no tenía ni idea de lo que era defender con su cuerpo y vida a la raza. Sólo sabía dar órdenes detrás de un escritorio.
Las manos de las hembras fueron rápidas, las dos ya estaban acostumbradas a servir a su señor y él no tenía que abrir ni la boca. Aún le sorprendía que las dos siguieran vivas durante tanto tiempo. Pero era así, vivas y serviles. Una cualidad muy buena en una hembra. Y si eran dos, mejor que mejor.
Cuando quedó totalmente desnudo se pasó la mano por su enorme verga. Haber tomado a aquellas dos humanas en el pueblo antes de desgarrar sus gargantas no había servido de mucho. Aún la tenía bien dura. Aún estaba excitado, la batalla y la sed de sangre siempre se la ponían como ninguna otra hembra podía conseguirlo. Ni siquiera cuando conseguía hacerlas gritar de dolor conseguía semejante estado de excitación que el de verter sangre con sus propias manos.
lunes, 20 de mayo de 2013
"Amar en tiempos de crisis". Capítulo 5.
Capítulo 5
Para el momento en el que me di cuenta, ya estaba lejos de la oficina de Adam. Michael había entrado rápidamente y al verme, supongo que se puso celoso. Celos. Por mí. Me sacó arrastrando de allí cogida de la mano y me subió a su coche, bien bonito por cierto. Veía sus labios moverse pero no emitía ningún sonido. ¿Estaría maldiciéndome? ¿O tal vez a Adam o a mí?
En determinado momento, jaló de mi mano hacia él para que me subiera en su regazo. Era un juego del que no podría salir, pero lo hice. Cansada de huir y de que todo me superara rodeé su cuello con uno de mis brazos para acurrucarme y poder acariciar ese pelo que una vez me volvió loca.
viernes, 17 de mayo de 2013
"Amar en tiempos de crisis". Capítulo 4.
Capítulo 4.
Cuando era una cría, era un lujo subir al terrado de casa y observar el verde paisaje. Pero ahora no era así. Miré a mi alrededor, solo había bloques grises y blancos.
Además, mi cabeza estaba hecha un lío desde la conversación con Alex.
Él creía que yo sentía algo por el fiscal. Tenía razón. Sentía odio y repulsión. El sonido del móvil vibrando me sacó de mi sueño.
- Rosbert, ¿quien habla?Además, mi cabeza estaba hecha un lío desde la conversación con Alex.
Él creía que yo sentía algo por el fiscal. Tenía razón. Sentía odio y repulsión. El sonido del móvil vibrando me sacó de mi sueño.
Después de unos segundos, al otro lado, solo se oía una leve respiración, pasó otro segundo y un estremecimiento recorrió mi columna nada más escuchar su voz.
- Entrega a Helena. Eres mía pequeña zorra. Disfruta de las fotos, querida.
Colgó. Tomé aire desesperadamente. Por suerte estaba sentada, porque de no haber sido así me habría caído. Ahora sí que estaba... jodida.
viernes, 12 de abril de 2013
Despliega tus alas. Parte 6. Reinicio.
Parte 6.
Reinicio.
El ángel observaba cómo Divia volvía poco a poco del mundo de los sueños al mundo de la consciencia. Llevaba varias horas observándola, sentado en el sillón de su habitación. No había podido dejar de darle vueltas a lo sucedido durante la noche y a cómo había terminado todo.
Se estaba sintiendo culpable por haber hecho que Divia perdiera de aquella manera el control de sí misma. Divia era una hembra llena de luz, de vida, de pasión por la vida... como bien había demostrado en su vuelta a la mansión. Incluso sin voz y ebria, Divia había sido toda una oponente, no había dejado de retorcerse hasta llegar al coche, mirarle con más que odio y soltar mil una obscenidades de forma muda.
No solo había estado enfadada, Divia había estado además muy excitada, el olor de sus feromonas femeninas le llegó incluso a él. Y le afectó de una manera que hacía tiempo que no hacía. Él cerró los ojos. Eso no podía ser. Él había tomado a Divia como su protegida, como su amiga, como alguien a quien guiar en su camino... y él no podía ser parte de ese camino. Aunque ella creyera lo contrario. Había leído perfectamente en Divia la atracción que estaba sintiendo hacia él, y no era algo raro. Era un efecto habitual en las hembras, pero en Divia eso estaba equivocado. A él, ella le importaba demasiado para su gusto y que saliera herida de algo que era, sencillamente imposible, le afectaba.
sábado, 6 de abril de 2013
Despliega tus alas.Parte 5. Sin control.
Divia no iba a esperar un milagro que no vendría. Siempre había sido una hembra realista, y aunque ahora tuviera delante de ella a dos ángeles, no creía en los milagros. Así que decidió tirarse a la espalda toda preocupación que pudiera tener y ser constructiva.
Los hechos eran que esos dos engendros de lo que fuera, la habían puesto a mil, y que no iba a poder descargar ningún tipo de energía sexual con ellos así que, si quería aprovechar la noche, tenía que mirar hacia otro lado y desplegar sus armas de mujer.
Se quitó la cazadora y agradeció el que esa noche hubiera tenido un poco más de hormonas que de sesera antes de encontrarse con Alitas, porque se le había ocurrido ponerse ese maravilloso corsé que le regaló hacía unos meses una de sus mejores amigas en Inglaterra, y que llevaba debajo de la camiseta de tirantes holgada de otro de sus grupos favoritos, Devin Townsend. ¡Qué ilusa había sido al ponerse la prenda de encaje y vinilo, pensando que quizá el ángel se le ocurría mirarla más como hembra que como Divia.!
miércoles, 3 de abril de 2013
"Amar en tiempos de crisis". Capítulo 3.
Capítulo 3.
- Protesto señoróa - la voz de Michael resonó por la sala -. No puede hacer acusaciones si no tiene pruebas.
- Vosotros no tenéis pruebas -cuando me di cuenta que lo había dicho en voz alta, enrojecí y me senté. - No tengo más preguntas.
Durante el resto de la sesión, me sentí indignada. Discort apoyó su jodido trasero en la mesa mientras movía las manos haciendo preguntas. Yo intentaba protestar, pero no surgía efecto. Me sentía hecha mierda, como si la jueza me asfixiara con sus miradas de asco hacia mi persona. Todos eran iguales. Incluido ÉL.
Un café, pensé al salir de la sala. Sí, un café me vendría bien. Y cambiarme. No soportaba más la falda negra. Cogí mi maletin y la bolsa y fui al Starbucks que había enfrente. Sí, aún existía. Aunque era mucho más lujoso y solo lo podían utilizar los abogados, jueces y notarios enseñando la identificación. Me senté lejos de la ventana y fui a los servicios. A los diez minutos, iba con unos cómodos pantalones negros, la camisa blanca y la chaqueta negra. Los tacones me los había dejado puestos.
Un hombre que no reconocí se acercó a mí. Era bastante alto, rubio con ojos azules verdosos, vestido de traje con corbata roja y sonrisa deslumbradora.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



